Los Vikingos llevaban más de medio siglo violentando el norte de Europa. Pero a pesar de ser el primer azote, los hombres del norte resultaron ser más bien una molestia que un problema real. Salvo la contada excepción de la destrucción y anexión del reino de Frisia por parte del rey Sueco, y salvando algunas provincias en el norte de Europa, la furia vikinga quedó relegada a saqueos y pequeñas invasiones infructuosas. Incluso las islas británicas se salvaron de la (histórica) invasión. Para más inri, los norteños tenían graves problemas con la administración de estas tierras arrebatadas a los cristianos. La forma de gobierno tribal frente a la feudal y la evidente diferencia religiosa golpeaba en forma de guerras civiles a las tierras conquistadas por Suecia. Debilitando la fuerza que pudieron haber tenido en algún momento e imposibilitando su regeneración.
Al sur se atisbaba algo peor. Asturias, el único reino cristiano en la península ibérica, era incapaz de resistir los envites de los Omeyas, la dinastía gobernante del Califato de Córdoba. Sin las ayudas de un poderoso y unido reino francés, ni de las cruzadas de Roma (que ahora, tenían otro objetivo en la mira), la conocida como Al-Andalus tenía vía libre para seguir atormentando Europa. Nada pudo detenerlos en los pirineos, y no tuvieron problema en continuar su expansión hacía en norte y el este. Lombardía, el reino en el norte de Italia, aun fuerte, consiguió pararlos en Niza y la Provenza, y fue el principal participe en varias incursiones en el sur de Francia y Barcelona por la liberación de estas, sin éxito alguno.
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¡Arrepentíos pecadores pues la hora del señor se acerca!¡Todos los infieles seran castigados!¡El averno os aguarda! |


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