Su primera medida fue declarar a los herejes enemigos de Roma, y con ello hacía un llamamiento a los soberanos católicos para declararlos hostiles y peligrosos. Esto no supuso un gran problema para el emperador y sus vasallos, pues en su punto de mira estaba los reinos católicos que aun residían en la Europa occidental.
Así que durante la primera mitad del siglo X continuaron las conquistas cátaras a favor del Imperio. El Papa entonces usó todo su poder y convocó la primera Cruzada por el reino de Alemania, en pleno corazón de imperio. No fueron pocos los soberanos católicos que se unieron, y un macro ejercito de proporciones nunca antes vistas comenzó a invadir germania. De inmediato, se organizó una reunión de emergencia en Hamburgo con todos los vasallos importantes del emperador, incluidos los Por los loles y los Bonaparte, que vieron paralizadas sus conquistas expansionistas para auxiliar a su señor. La decisión de aportar cada hombre en condición de luchar bajo el estandarte imperial fue unánime, pero las estrategias a trazar aun estaban sobre la mesa. Sin demora, se organizó un ejercito cátaro para hacer frente a la amenaza católica. En Francia, se producían invasiones por los reinos ingleses, así como en dinamarca. Polacos, Húngaros y gentes del este invadían Sajonia y desde la peninsula itálica, las fuerzas del rey lombardo así como las tropas del pontífice cruzaban los Alpes. El premio, el reino de Alemania, el territorio más occidental del núcleo imperial.
Las primeras batallas y escaramuzas se libraban en las fronteras sin resultados decisivos para cada bando, mientras que los gruesos de los ejercitos estaban cada día más cerca encontrarse en la primera gran cruzada. Aun debatiendo las estrategias, la más lógica planteada por los Bonaparte era plantar cara en la propia Alemania. Confrontar las dos enormes fuerzas en una colosal batalla decisiva, con la seguridad de vencer. Sin embargo, el emperador tomó finalmente una decisión tremendamente arriesgada. Él mismo, junto a sus tropas, ignoraría los ejercitos de la coalición católica y marcharía directamente hacia Roma. Mientras que el resto de las fuerzas cátaras, al mando de los Bonaparte, debían resistir todo el tiempo posible la inminente invasión y el envite de los enemigos. De salir bien, la cruzada podría acabar pronto, pero de salir mal, los cátaros habrían perdido la mitad de sus fuerzas y la otra mitad lejos de poder responder a tiempo.
Entre la sorprendente maniobra, y quizás, con un poco de suerte, las tropas de su emperador llegaron a la ciudad santa. Los Bonaparte debían de conseguir el suficiente tiempo como para que la estrategia surtiese efecto. Y así fue. Las tropas católicas no conseguían abrir brecha en las líneas cátaras, y la batalla se alargaba días y días. Tiempo valioso, que las tropas del emperador usaron para arrasar con todo el condado de Roma. Cuando el Papa vio la ciudad invadida, y sin esperanzas de poder vencer en Alemania, no tuvo más que claudicar y dar por fracasada la cruzada.
No tardaron en correr las noticias. El cátaro no solo sobrevivía sino que se imponía al catolicismo, y eso aumentaba su autoridad mientras que se veía mermada la de la religión oficial. Con este impulso, a lo largo de las siguientes décadas, se producirían las duras y tediosas conquistas de los reinos de Borgoña, Francia Media y Frisia, la región natal de los Bonaparte, arrebatada a los Suecos. Con ese tamaño y poder, Los Bonaparte independizan sus territorios del imperio germánico, formando así su propio imperio, el de Europa Occidental. Que anotaría su primer tanto con la conquista de Kent en las islas británicas, lugar sagrado cátaro.
Por otro lado, los Por los loles se instalaban en la región de Dinamarca, aun bajo el vasallaje de los Von D., que además de combatir a los suecos tenían también un problema dinástico. La cabeza de familia de los Por los loles padecía lepra, y las pocas probabilidades de tener heredero, sumadas a su inminente muerte hacían peligrar la estabilidad de su familia y sus posesiones. Fue entonces, cuando el que fuese un gran y peligroso reino en Suecia de fragmenta y aparecen muchos pequeños reinos. El imperio germánico, en favor de Por los loles, comienza a invadir escadinavia en lo que se conocerían como las Guerras de Invierno.







