Así pues, a mediados los siglo IX, los Von D. se alzan como reyes de uno de los reinos más poderosos de Europa en estos momentos, pero su ambición no acaba ahí. Tienen en mente coronarse como 'emperadores'. Cosa que no tardaría en llegar.
Con el vasallaje de los Por lo loles, su capacidad militar y de reacción aumentó considerablemente y, tras conquistar y anexionar una buena parte de territorio en centro-europa, nace el Reich Germánico, o Imperio de Germania. Fue poco después cuando el caprichoso destino dio un giro de tuerca a la historia.
Se le acerca el capellán del imperio al emperador, un emperador fuerte y determinado (el cual ha creado una nueva maquina en centro Europa) con cierta reticencia, pero convencido de que es lo que debe hacer, aun conociendo las posibles repercusiones de su osadía. El emperador extrañado por la reunión en privado que asegura deben tener, centra su atención en sus palabras. El clérigo, al principio con voz trémula, finalmente le explica el plan a su soberano.
"Señor, han llegado a mis oídos ciertas nuevas. Y tras haber investigado un poco del tema, ruego que me oigáis lo que tengo que decir. Pues he abandonado el catolicismo para abrazar una nueva doctrina que creo, es la verdadera y os aseguro, os convencerá también."
El emperador se quedó pensativo por unos momentos. La mera idea de abandonar la Fe verdadera producía náuseas y terror en cualquier buen cristiano. 'Cátaro', que terrible palabra. Lo acción más común habría sido quemar en la hoguera a ese mísero hereje, capellán o no, y haber hecho como que jamás esas palabras habían entrado en su mente. Sin embargo, este emperador no era precisamente común. No había conseguido levantar a su dinastía de reino a imperio, unificar a los Por los loles y resto de dinastías germánicas si fuese alguien común, no. Tenía planes. Y el Cátaro ofrecía una serie de ventajas difíciles de obviar. Para empezar, los hombres de Fe ya no responderían ante el Papa, ni Roma, ergo los impuestos y las tropas de dichos gobernantes irían íntegros al emperador. Tras una reunión de urgencia con los principales duques, esa misma razón fue suficiente para atrapar a los Por los loles, los cuales ya tenían dificultades con Roma por el mismo tema. Dichos temas legales, así como el hecho de las mujeres pudiesen gobernar y ostentar cargos políticos y religiosos abría mucho el panorama. Pero no fueron esas las razones. Al dejar el catolicismo, se considerarían una herejía, y por tanto los casus belli como 'guerra santa' podrían usarse como conquistar territorios católicos. Ahora Roma perdería voz. La moción fue aceptaba, el Reich Germánico se convertía al Cátaro. Nadie sabe como el santo Papa pudo tomarse esta decisión, pero claramente se sintió afortunado de ser viejo y no tener que lidiar con lo que podría ser (y será) la mayor amenaza del catolicismo.
[Catarismo real: https://es.wikipedia.org/wiki/Catarismo ]
Al asentarse como imperio con su propia religión, el Reich Germánico ofrece vasallaje a la dinastía de los Bonaparte, actualmente gobernantes de un reino de Francia completamente desperdigado. Los Bonaparte aceptan junto a la jugosa, y peligrosa, oportunidad de convertirse al catarismo. La lenta conquista del reino Francés se vio atropellada por las nuevas políticas de expandir el catarismo y las nuevas terminologías de 'guerra santa', así como la suma de las tropas del emperador a las aspiraciones francesas. Conquistar un tercio de Bretaña había llevado años, el emperador tuvo la capacidad de declarar guerras simultáneas y asegurar la región en cuestión de meses. El reino francés cobraba forma y fuerza, mientras a la vez se iban debilitando los reinos francos vecinos, controlados por los Karling, feroces enemigos de nuestros protagonistas. Pero estos no temían únicamente a los nuevos herejes declarados. Por si no fuese suficiente lidiar con el primero de los azotes de Europa, los vikingos, el segundo estaba apunto de arremeter con una fuerza imparable.

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